
Treinta años después de comprar un campo que prácticamente no tenía infraestructura, Luis Zágari trabaja sobre 2000 hectáreas en Guardia Mitre, Río Negro, de las cuales 1300 hectáreas tienen riego. En ese territorio desarrolló un sistema que integra agricultura y ganadería: produce forraje y granos, cría terneros y los lleva hasta la terminación.
La historia fue reconstruida por Río Negro Rural, que entrevistó al productor a 30 años de aquella decisión. “Este era un campo que estaba abandonado, prácticamente hacía 10 años”, recordó Zágari.
El próximo 10 de octubre se cumplirán tres décadas desde que compró el establecimiento. Hoy produce alfalfa, maíz, cebada, centeno y cebolla, mientras que la ganadería se organiza en cría, recría y terminación.

La historia comenzó lejos de una tradición familiar agropecuaria. Su padre era comerciante y Luis trabajaba en el negocio familiar, pero tenía otra inquietud: “Yo siempre tuve inclinación por el tema campo y empecé a jorobar: ‘Papá, tenemos que invertir en campo’”. La respuesta llegó con una condición: “Dale, me dijo, metele una sola condición: que tenga agua”.
De 27 kilos al nacimiento a 360 kilos en la terminación
Uno de los ejes del sistema ganadero está puesto en la eficiencia de la cría. Zágari logró índices de preñez cercanos al 90% en vaquillonas y de entre 93% y 94% en vacas. La genética apunta a reducir el peso de los terneros al nacimiento para facilitar los partos. “Estoy apuntando a tener bajo peso al nacer”, explicó.
Actualmente, las vaquillonas están pariendo terneros de 27 a 28 kilos. El objetivo es que ese menor peso inicial no se traduzca en menos kilos al momento del destete, que realiza entre los seis y ocho meses. Los terneros salen con aproximadamente 180 a 200 kilos.
A partir de ahí aparece uno de los puntos que el productor todavía busca mejorar: la recría. “La recría es mi gran drama”, reconoció.
Su objetivo es aprovechar las nuevas alfalfas para avanzar hacia una recría pastoril y llevar los animales hasta los 250 o 260 kilos antes de ingresar al corral de terminación. Este año, además, probó un esquema con terneros muy jóvenes, de entre 80 y 90 kilos, alimentados con concentrado y grano. El resultado lo sorprendió: logró ganancias de entre 1,1 y 1,2 kilos diarios. “Me dejó con los ojos abiertos porque en esa categoría nunca, nunca lo había visto”, contó.
En la etapa final, los animales reciben maíz y un núcleo al 6%, además de rollos. El objetivo es llegar a los 350-360 kilos, con ganancias que en condiciones normales rondan los 1,2 kilos diarios.
Agricultura bajo riego para alimentar la ganadería
La agricultura funciona como parte del mismo esquema productivo. La producción de alfalfa, maíz, cebada y centeno permite generar buena parte de los alimentos que después consume la hacienda.
Actualmente, Zágari tiene unas 140 hectáreas de alfalfa y 120 hectáreas de maíz para cosechar. En alfalfa consigue habitualmente cinco cortes y alrededor de cinco rollos de 500 kilos por hectárea por corte. El maíz también cambió con la expansión de la superficie. En sus primeros años obtenía entre 11.000 y 12.000 kilos por hectárea, mientras que actualmente se ubica entre 7.000 y 8.000 kilos.

Hace aproximadamente una década incorporó la cebolla, un cultivo que exige una planificación particular del agua. En la última campaña llegó a realizar 25 riegos por hectárea. “No puedo hacer un bloque de cebolla todo junto porque los canales secundarios no me dan abasto para proveerlos de agua”, explicó.
El riego se realiza mediante bombas accionadas con motores de combustión y representa uno de los principales costos del sistema. “Entonces, me cambia la ecuación. Tengo que cuidar el agua”, señaló.
Para implantar una hectárea de alfalfa utiliza unos 14 kilos de semilla y estima que el costo total de implantación se ubica entre $250.000 y $300.000 por hectárea.
Un valle de 40.000 hectáreas que busca dar el salto productivo
Después de 30 años, Zágari considera que Guardia Mitre atraviesa una etapa diferente a la que conoció cuando llegó. La zona cuenta con un potencial productivo que, según plantea, todavía está lejos de aprovecharse completamente. “Hoy el Valle de Guardia Mitre está en un proceso de ampliación muy grande”, señaló.
El productor pone el foco en un dato: el valle tiene 40.000 hectáreas. Para que esa superficie pueda traducirse en mayor producción, considera necesarias mejoras en infraestructura, principalmente en energía y conectividad.
La balsa que permite cruzar el río sigue siendo parte de la logística cotidiana. Las demoras obligan a los camiones a enfrentar trayectos de ripio y, según Zágari, eso termina impactando sobre el valor de productos como la cebolla. Por eso, el puente aparece como una de las obras que más espera para la zona. “Si en algún momento, y espero estar vivo, veo el puente, esto va a tener un desarrollo impresionante”, sostuvo.