Con más de 1500 hectáreas de suelos «vivos» triplicaron la producción de carne: cómo la ganadería ya representa hasta el 25% del margen de la empresa

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En Rojas, Buenos Aires, la empresa Santa Isabel logró mantener el suelo cubierto casi todo el año, mejorar la materia orgánica y triplicar la producción de carne sin afectar la agricultura

Con más de 1500 hectáreas de suelos "vivos" triplicaron la producción de carne: cómo la ganadería ya representa hasta el 25% del margen de la empresa

La empresa Santa Isabel, ubicada en Rojas (Buenos Aires), demostró que la integración entre agricultura y ganadería puede ser una herramienta poderosa para aumentar la productividad y regenerar los suelos. A través de un sistema basado en ganadería regenerativa y el uso de cultivos de servicio, lograron triplicar la producción de carne y mejorar la materia orgánica del suelo, sin comprometer el rendimiento agrícola.

El caso se presentó durante la jornada “Carbono y suelos vivos. Modelos de integración agrícola-ganadera”, organizada por la Comunidad de Sistemas Agrosostenibles y CREA Región Norte de Buenos Aires. Allí, Carlos Robertson Lavalle, socio administrador de Santa Isabel Hermanos S.A. y miembro del CREA Arroyo del Medio, junto con el asesor Juan Radrizzani, explicaron cómo implementaron este modelo productivo de triple impacto: ambiental, económico y social.

ganadería regenerativa

“Antes del cultivo de renta implantamos cultivos de servicio —gramíneas, leguminosas y crucíferas— que protegen el suelo frente a la  erosión hídrica y contribuyen a una mayor captura de carbono”, explicó Robertson Lavalle.

El sistema se apoya en un pastoreo controlado de esos cultivos, lo que reactiva la actividad biológica del suelo y promueve la formación de materia orgánica. La clave, aseguran, es la planificación y el monitoreo constante para equilibrar el uso del agua, la radiación y el momento de ingreso de los animales.

ganadería regenerativa

Agricultura y ganadería, una alianza estratégica

Santa Isabel trabaja con una rotación de maíz, trigo/soja y soja de primera, incorporando coberturas entre cada cultivo para mantener el suelo cubierto más del 50% del tiempo. Hace cinco años sumaron la ganadería al sistema, aprovechando esos cultivos de servicio como forraje.

“Con este esquema observamos más actividad radicular, mayor cantidad de exudados y una mejora visible en la estructura del suelo”, explicó Radrizzani. Las especies elegidas incluyen vicia villosa, avena strigosa, raigrás, triticale y, más recientemente, rabanito forrajero por su capacidad de exploración radicular.

ganadería regenerativa

Una de las innovaciones del establecimiento es la siembra anticipada de los cultivos de servicio antes de la cosecha del maíz, lo que permite ganar entre 30 y 45 días de crecimiento activo. “Si uno espera a cosechar, se pierden recursos gratuitos como radiación y agua”, señaló Robertson Lavalle.

Impacto económico y ambiental

El cambio en el manejo también transformó la rentabilidad del campo. “Antes, la ganadería representaba menos del 5% del resultado global. Hoy, con este sistema, alcanza entre el 20 y el 25% del margen bruto total”, indicó Radrizzani.

ganadería regenerativa

Durante la sequía 2022/23, cuando el margen agrícola fue negativo, la ganadería permitió equilibrar los números. Con 1.508 hectáreas —1.045 agrícolas y 463 ganaderas— y un rodeo de 400 vientres, Santa Isabel pasó de un planteo de cría a un esquema de cría y recría, aumentando el peso de venta de los animales y estabilizando los flujos de caja.

Suelos vivos y créditos de carbono

Además de los beneficios productivos, el sistema regeneró ambientes naturales del establecimiento. “Recuperamos las cañadas porque al pastorear los cultivos de servicio les damos más descanso. Hoy tienen una oferta forrajera mucho mejor que antes”, afirmó Robertson Lavalle.

El objetivo ahora es que estos esfuerzos se traduzcan en un reconocimiento ambiental a través de los créditos de carbono. “Hoy no existe en Argentina un protocolo que contemple la fijación de carbono a partir del pastoreo de cultivos de servicio, pero creemos que ese proceso se consolidará en los próximos años”, añadió.

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Radrizzani coincidió: “Certificar las prácticas permitiría demostrar los resultados y abrir la puerta a una futura valorización ambiental. Lo importante es que el campo alcance un nivel productivo superior sobre una base más sustentable”.

Con casi 15 años de trabajo continuo en cultivos de servicio, Santa Isabel muestra que es posible producir más y mejor, regenerando los suelos, reduciendo la erosión y generando un impacto positivo tanto en el ambiente como en la economía rural.

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